About The Stranger – Sobre El Extraño.

Luego de leer el guión la primera cosa que la pregunté a Ethan y Joel fue que pintaba mi personaje en la película. Fue así, sí; puedo jurarlo.
Quiero decir, un hombre de campo, un cowboy, que se sienta en la mesa del bar de una bolera, escucha atentamente todo aquello que se le dice con una media sonrisa en los labios. Luego con semblante burlón le dice a su interlocutor eh, tomatelo con calma o cuidate.
Confieso que acepte por el dinero. ¿No hay nada de malo en ello, no?
Fue al final de mis días de rodaje que Ethan se me acerco y me dio una frase, para mi última conversación con el personaje de Jeff y me dijo, termina la conversación cómo siempre y luego dirige tu mirada directamente a la cámara y suelta esto.
Y ahí estaba, la frase que ya ha pasado a la historia: El chico de ciudad está de acuerdo. [sonrisa socarrona] No sé que creéis. pero a mi me tranquiliza. Es bueno saber que está ahí fuera, tomandoselo con calma, por todos vosotros pecadores. No digáis nada pero seguro que llega a la final.
Y ahí comprendí.
Ese extraño no es más que ese hombre de sentimientos sencillos, que busca la verdad sentado en un rincón y abriendo bien los ojos. Aquél a quien está búsqueda le ha imbuido de esa sabiduría que con el paso de los años alarga la vida en lugar de acortarla. El que siempre sonríe cómo si conociera algún secreto de la vida que los demás desconocemos o quizás el secreto mismo de la vida. El que a pesar de todo ello tiene unos ojos profundos y tristes porqué en el momento de huir no lo hizo y pago el precio del dolor. Prudente.
Joel me lo resumió así: Mira al final esté no es más que un mundo de locos. El Extraño resulta así porqué es el único realmente cuerdo. Y por eso tiene que aparecer en está película. ¿Cómo sabrías si no que el resto de personajes están locos?

Sam Elliot – The Big Lebowski

NOTA: Si no heu entés res, mireu-vos la pel·lícula. ;)

Plaza de Palermo, a seis cuadras de la calle Serrano.

“una tarde vinieron a casa las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo a contarme lo que pasaba. Algunas serían histriónicas, pero yo sentí que muchas venían llorando sinceramente porque uno siente la veracidad. Pobres mujeres tan desdichadas. Esto no quiere decir que sus hijos fueran invariablemente inocentes pero no importa. Todo acusado tiene derecho, al menos, a un fiscal para no hablar de un abogado defensor. Todo acusado tiene derecho a ser juzgado. Cuando me enteré de todo este asunto de los desaparecidos me sentí terriblemente mal. Me dijeron que un general había comentado que si entre cien personas secuestradas, cinco eran culpables, estaba justificada la matanza de las noventa y cinco restantes. ¡Debió ofrecerse él para ser secuestrado, torturado y muerto para probar esa teoría, para dar validez a su argumento!” Jorge Luis Borges – Solicitada por los desaparecidos (Diario Clarín, 1980).