Si utilizas la historia, más vale que sepas lo que dices ¿No cree, señora Rigau?

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Si utilizas la historia, más vale que sepas lo que dices ¿No cree, señora Rigau?

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por kobeto hace 2 horas 3 minutos publicado hace 29 minutos

Cuando el ministro Wert calificó el catalán como lengua vernácula, la consejera de Educación de Cataluña dijo: “Llamar vernácula a la lengua catalana es tratarla de manera despectiva, porque así era como se llamaba en Roma a la lengua de los esclavos”. Queriendo decir que se trataba al catalán como una lengua de segunda o hablada por ciudadanos de segunda. Los palmeros que vitorearon el “zas en toda la boca”, por la referencia histórica, de la consejera para dejar en evidencia al ministro… se equivocan.

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Claro ejemplo de que no pensamos igual. En Catalunya el termino vernáculo se considera ofensivo. En su lugar se usa dialecto.
No ha habido error por ninguna de las dos partes. Sólo desconocimiento mutuo.

El Cid y la falsa Tizona

Domingo, 6 de enero del 2013

En el Museo de Burgos se expone una de las espadas más caras del mundo: la Tizona del Cid. En el 2007, la Junta de Castilla y León pagó por ella un millón y medio de euros en una de las decisiones políticas más vergonzosas de la reciente historia española. No es que el precio sea desmesurado, que lo es. No es solo que el dinero de los contribuyentes no debería gastarse en estas cosas, que también. Es que además la espada es falsa y tiene el mismo valor histórico que el sable láser de Luke Skywalker o que la Excalibur del rey Arturo.

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Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 06 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

La historia de la falsa Tizona millonaria es un buen ejemplo del tipo de ridículos que puede crear el nacionalismo romántico en su vertiente más casposa. El origen del mito es puramente literario: no hay evidencia alguna de que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, tuviese una espada llamada Tizona. La primera referencia al arma aparece en el Cantar del Mío Cid, compuesto un siglo después de la muerte del guerrero. Allí la llaman «Tizón», y se supone que el Cid la consigue tras derrotar en Valencia al «Rey Bucar de Marruecos» (del que no hay constancia histórica alguna) para después entregársela a los infantes de Carrión (que tampoco existieron) por su boda con sus hijas, doña Elvira y doña Sol (en realidad las hijas del Cid se llamaban María y Cristina).

El Cantar, según los historiadores, tiene muy poco de verdad. Es una bonita perla inventada alrededor de un gramo de realidad, alrededor de un siglo de tradición oral sobre un brillante militar cuya verdadera historia fue apasionante, aunque muy distinta al mito. Pero incluso aceptando que entre ese gramo de realidad del que bebe el Cantar puede estar la Tizona, ni siquiera así la espada del millón y medio de euros pasa el filtro. Según los peritos, se trata de una falsificación forjada en los años de los Reyes Católicos como una espada ceremonial, no como un arma de combate. Es posible que utilizasen fragmentos de una hoja anterior, del siglo XI, pero casi con total seguridad, dicen los expertos, se trata de una falsificación del siglo XV.

Pese a los informes periciales, José María Aznar -un político tan fan del Cid que llegó a disfrazarse de este caballero para un posado en la prensa- dio por buena la Tizona y la declaró en el 2002 «bien de interés cultural» con un real decreto. Y contra el criterio de los expertos, la Junta pagó a su propietario, el marqués de Falces, un millón y medio de euros. Esta semana, una sentencia ha condenado al marqués a entregar la mitad de ese dinero a los herederos de su tío, el anterior marqués, que entregó todas sus propiedades al morir a un matrimonio asturiano que cuidaba de él. Que la mitad del botín de la Tizona acabe en manos plebeyas tiene, al menos, algo de justicia histórica.