Público.es y su delirante alegato contra la química | SCIENTIA

Querida periodista de público.es,

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¿Por qué hoy, precisamente hoy, me has hecho esto? Sabes perfectamente que llevo luchando mucho tiempo contra la quimiofobia que se está instaurando peligrosamente en nuestro país y llegas tú, el 17 de enero, precisamente el 17, y escribes uno de los alegatos más quimiofóbicos y delirantes que he leído últimamente.

Sí, como verás estoy muy cabreado, pero es que no tiene perdón que el Día de San Antón me hayas dado un disgusto como este… ni tampoco que hayas metido una de las patas más gordas que recuerdo en el mundo del periodismo científico… si es que este artículo se puede calificar así. Te cuento.

Ayer leí tu artículo Adictos a la comida basura publicado en un blog de público.es. No voy a entrar en los efectos negativos de la comida basura o en su posible capacidad para crear adicción, esos son temas para otro post, sino que voy a criticar lo que expones a partir del tercer párrafo de tu texto.

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“La mayor parte de comida que compramos está elaborada con altas dosis de aditivos químicos de síntesis como colorantes, conservantes, antioxidantes, espesantes, estabilizantes, potenciadores del sabor, reguladores de acidez, almidones modificados, etc. que alteran el alimento en función de los intereses de la industria […] El objetivo, vender más.”

Ester, eso no es verdad. Afortunadamente para nosotros, los consumidores, existen los aditivos. Sin ellos no hubieras podido comer muchos de los alimentos que has ingerido hoy ya que no serían aptos para el consumo humano porque ni fisiológicamente ni psicológicamente estamos preparados para su ingesta… por no hablar de lo más importante: sin la presencia en su composición de algunos aditivos muchos alimentos serían muy peligrosos para la salud por lo que podríamos padecer graves enfermedades si los consumiéramos. En el caso de los conservantes huelga decir las ventajas de su uso como un mayor tiempo de conservación, la prevención de cualquier tipo de problema sanitario relacionado con el alimento, etc. Por eso querida periodista no se puede afirmar con esa ligereza que los aditivos alteran el alimento en función de los intereses de la industria. Creo que tanto tú como yo podemos dar gracias a su existencia. Pero déjame que siga porque lo más grave de tu artículo está aún por llegar.

A continuación dices:

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“Varias investigaciones señalan el impacto negativo que el consumo recurrente de algunos de estos aditivos puede tener en la aparición de enfermedades como alergias, hiperactividad infantil, problemas de sobrepeso…” y te refieres a un estudio del 2007. Más adelante te apoyas en un documental para relacionar la ingesta de estos aditivos con el incremento de patologías tales como el cáncer, la esterilidad, los tumores cerebrales, el párkinson… ¡¡y hasta la esterilidad!!

Te recuerdo que en España, al igual que en todos los países de la Unión Europea, para que un aditivo pueda ser utilizado en la elaboración de un producto alimenticio debe haber sido evaluado toxicológicamente y sometido a exigentes ensayos que demuestren su inocuidad, incluyendo en caso de que fuera necesario el posible establecimiento de una ingesta diaria admisible y teniendo en cuenta a los grupos de consumidores más vulnerables. Por todo ello asociarlos con toda esas patologías a las que te refieres está fuera de lugar. Permíteme que te recomiende el post “Sin conservantes ni colorantes…¿por qué no?”. Sigamos.

A continuación afirmas, en una frase gloriosa, que “la solución radica en sustituir dichos aditivos artificiales por otros naturales, pero estos son más caros y la industria alimentaria los descarta. El dinero manda”. ¿Podrías explicarme este punto? ¿Tú estás segura que eso es así? Para empezar no hay problema… por lo que no hace falta una solución. Además, no existe ninguna diferencia sobre el efecto en la salud del consumidor en el caso de emplear aditivos de procedencia natural en lugar de otros de procedencia artificial y, sobre todo, generalizar que los aditivos de origen natural son más caros que los de origen artificial y por eso no se suelen emplear tampoco es correcto.

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Sigamos que vamos acercándonos al momento cumbre de tu artículo. Pasamos al campo de las conspiraciones.

“Escándalos alimentarios como el de las vacas locas, la gripe aviar, los pollos con dioxinas, la E. coli… son sólo la punta del iceberg de un modelo agrícola y alimentario que antepone el afán de lucro de unas pocas empresas que monopolizan al sector a las necesidades alimentarias de las personas.” ¿Estás completamente segura que las empresas alimentarias que emplean productos químicos son las responsables de esas crisis alimentarias? Te lo digo porque la realidad es exactamente la contraria y algunas de esas crisis, como el caso de la E. coli u otras, podrían haberse evitado si se hubiesen empleado los pertinentes productos químicos.

Afirmas sin ningún pudor que muchos compuestos químicos empleados en la industria alimentaria pasan los controles sanitarios gracias a “los vínculos estrechos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) con la industria biotecnológica y agroalimentaria, así como la dinámica de “puertas giratorias” entre ambos.” ¿Tienes pruebas de todas esas gravísimas acusaciones? ¿Podrías mostrarlas?

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Llegamos al punto cumbre. No seré yo, un simple bloguero murciano, quien te diga cómo debes hacer tu trabajo, pero hay cosas que creo que se pueden hacer mejor y una de ellas es estar al día de lo que ocurre en el campo de la legislación alimentaria. En tu artículo, que firmas como periodista y activista, sentencias que “¿cómo es posible que la industria agroalimentaria, por ejemplo, siga utilizando un edulcorante no calórico como es el aspartamo, en productos etiquetados como light, 0,0%, sin azúcar, cuando varios experimentos han demostrado que el consumo continuado de dicha sustancia puede resultar cancerígeno?”

Por aquí, Ester, sí que no paso. Ya es mala suerte que se te haya ocurrido relacionar el aspartamo con el cáncer precisamente la semana que la EFSA ha emitido un informe en el que afirma que este aditivo es totalmente seguro, descartando, después de una minuciosa revisión de todos los informes y artículos científicos elaborados por especialistas, cualquier posible relación del aspartamo con el cáncer u otra patología. Según la EFSA la ingesta diaria admisible (IDA) de aspartamo se considera “segura para la población general y la exposición de los consumidores al aspartamo está por debajo de esta IDA” Además la ingesta habitual de cualquier persona queda muy lejos de la dosis máxima diaria de seguridad recomendada.

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Pero lo mejor lo has dejado para el final. En tu afán por dejar un artículo para la posteridad concluyes tu post con uno de los más gloriosos párrafos que un servidor ha podido leer en años: “Y si consumimos productos elaborados con altas dosis de pesticidas, fitosanitarios, transgénicos, edulcorantes, colorantes y sustancias que nos convierten en adictos a la comida basura, esto acaba, tarde o temprano, teniendo consecuencias en nuestra salud.”

Pero vamos a ver, ¿qué tienen que ver los transgénicos, los fitosanitarios o los otros compuestos que con la adicción a la comida basura? O sea, que si se modifica genéticamente un salmón para que crezca de forma más rápida y posteriormente yo lo consumo… ¿me van a entrar ganas de ir al Mc Donald´s? ¿O te refieres a que si para el cultivo de un tomate que compro en un supermercado se ha empleado un pesticida ya no podré resistirme a ir corriendo al Burger King y pedirme un doble whopper con queso?

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Queridos amigos de público.es, desde hace tiempo me tenéis perplejo con vuestras actuaciones, pero hoy habéis llegado muy lejos con este alegato quimiofóbico y me habéis cabreado muchísimo… ¿Y tenía que ser hoy? ¿No podíais haber esperado a otro día para darme este disgusto? ¿Tenía que ser precisamente el día en el que un servidor abandona el número que le da sentido a la vida, el 42, y entra en ese número maravilloso que homenajea a una de las bebidas con más solera de los de mi quinta, el 43?

Si queridos lectores sí. Hoy, 17 de enero de 2013, día de San Antón, Patrón de los Animales, el autor de Scientia cumple 43 años, el mismo número mágico que da nombre al mítico Licor 43, esa bebida llena de colorantes, saborizantes y malvadas sustancias químicas… como es el caso del bendito alcohol.

Brindemos por la química con Licor 43… y esperemos sentados por si nos entran ganas de ir a por un Big Mac.

Jose

* Si te ha gustado el post puedes menearlo aquí. Gracias.

Nota 1: Por favor los regalos al fondo a la izquierda.

Nota 2: Esta entrada participa en la XXI Edición del Carnaval de la Química que en esta ocasión se aloja en el blog: Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

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